Cerveza y biotecnología: unidas para siempre

Todo es posible en este mundo. Absolutamente todo. Un ejemplo de ello se puede encontrar en Argentina. En este país han dado con la fórmula para combinar la producción artesanal de cerveza y la biotecnología. El responsable del hallazgo ha sido el Centro de Investigación y Desarrollo en Biotecnología Industrial del Instituto Nacional de Tecnología Industrial de Argentina (INTI).

Los investigadores del mencionado organismo han trabajado para intentar reproducir y conservar un tipo muy concreto de levadura, denominado Saccharomyces cerevisiae. A partir de una pequeña muestra, han realizado los oportunos controles de calidad y pureza para, posteriormente, preparar un cultivo y, así, poder mantener las características iniciales de la cepa. Una vez conseguido esto –informan desde el INTI– estimularon el crecimiento y la adaptabilidad de la muestra a nuevos contextos, como en el que pretendía cultivar.

De hecho, una de las opciones donde se cosechó la mencionada levadura fue en el mosto. Se optó por este líquido porque “es rico en nutrientes debido a que contiene aminoácidos, proteínas, azúcares, una mezcla de varias vitaminas, minerales y algunos metales que ayudan al crecimiento de esta levadura particular”, afirmó Mariel Melfi, una de las componentes del grupo que ha desarrollado la investigación.

A continuación, se dejó que el microorganismo creciera a lo largo de un día entero en un biorreactor. Tras este periodo de 24  horas, y una vez que las células se habían desarrollado en el tamaño y cantidad deseada, se extrajo el cultivo, separándolo del mosto que sobraba. Y después se aplicó frío a estas partículas –sufrieron temperaturas de hasta -86ºC–, con el fin de analizar sus posibilidades y características.

En definitiva, han sido una serie de investigaciones orientadas a intentar lograr la autoproducción. “Ahora lo que queremos evaluar es la posibilidad de realizar la conservación de las levaduras en un freezer hogareño, que generalmente alcanza una temperatura de hasta -20°C”, indican desde el Centro de Investigación y Desarrollo en Biotecnología Industrial del INTI. Si esto se consigue, los productores tendrán la posibilidad de gestionar su banco de levaduras en el interior de sus complejos transformadores. Por tanto, serán autosuficientes.

Un objetivo en el que insiste María Laura Matos, coordinadora del Centro de Bioprocesos del Centro INTI-Biotecnología Industrial. “La idea es que el productor pueda generar y mantener su propio banco de levaduras para independizarse de la importación”, unas palabras de Matos que han sido distribuidas por el INTI, una institución que se está constituyendo como pionera en muchas investigaciones y diseños. Y tú, ¿te atreves a dar el paso en este sentido?